Ingresar    Registrarse  

Elio Oktubre

Columnista
eliooktubre@laweek.com.ar
3813586373
¡QUÉ VERANITO, BOCA!
18-02-2017 10:07:27 hs.

Fue positivo el epílogo primaveral que vivió Boca Juniors; a pesar de haberse quedado afuera de la Copa Argentina y, por ende, de la Libertadores, el final del período primaveral resultó fructífero, con el jardín comenzando a florecer para el equipo que dirige tácticamente  Guillermo Barros Schelotto. La primavera “xeneize” incluyó lograr un funcionamiento futbolístico in crescendo (sobre todo a partir del regreso de Fernando Gago al equipo titular), conseguir una buena cosecha de puntos, obtener una flor de goleada histórica 4-2 en la casa del eterno rival y la aventura de treparse hasta la cima del torneo argentino en soledad. Pero llegó el verano y algunos, propios y ajenos, se han dedicado a agigantarle el sol al club de la Rivera durante la eterna pretemporada.  Con la temporada estival el calor, la elevada humedad, las precipitaciones y alguna que otra tormenta. El verano `17 lo está haciendo sudar mucho a Boca, le llueve con frecuencia y parece empeñado en amustiar el jardín “xeneize”.



                Primero fue la partida del ídolo y referente; Carlos Tévez marchitó las ilusiones de los hinchas de seguir viéndolo lucir la azul y oro, confirmó que se marchaba a jugar en China y dejó a los “boquenses” entonando “¡Qué calor hará sin vos en verano!”. Luego llegó el tiempo de la pretemporada y de los partidos en “Mardel” donde todo estaba calmo, sin ninguna precipitación fuerte que pareciera avecinarse, hasta que llegó el único partido relevante: fue derrota 0-2 ante River y se produjeron algunas intensas lluvias de críticas (algunas desmedidas) a los encargados de defender el arco propio (Cuestionamientos que un par de semanas posteriores se enfocarían sobre todo en el arquero Axel Werner, quien cometió un insólito error que valió un gol en contra en un amistoso versus Aldosivi). Después, cuando los vientos de la costa se comenzaban a llevar al olvido ese agrio resultado -como siempre ocurre con este tipo de partidos-, en el comienzo de la semana pasada se difundieron tormentosos audios de llamados telefónicos realizados en 2015 por el presidente de la institución, Daniel Angelici, “sugiriéndole” a Luis Segura, por entonces presidente de AFA, que hablase con el árbitro Germán Delfino "para que no se equivoque mucho" en el partido contra Vélez (que definía la clasificación a la Libertadores de ese año) y solicitándole a Fernando Mitjans, a cargo del Tribunal de Disciplina, que redujera las sanciones para Leandro Marín y Cristian Erbes, expulsados ante Racing en un amistoso previo al duelo frente al “Fortín”. Tormenta que Angelici disipó raudamente con una conferencia de prensa, una expresión de apenado y un burdo discurso armado donde se lavó las culpas afirmando "No me arrepiento de defender los intereses de Boca" y “Lo que hice está mal, pero en el fútbol argentino es habitual”. Con la complicidad de la prensa, tan condescendientes con el actual presidente, a las escuchas también se las fueron llevando los vientos de verano. Pero durante esta semana, de manera consecutiva, dos nuevos hechos azotaron la tranquilidad del mundo Boca. Primero fue la lluvia de golpes (que los periodistas quisieron vender como tormenta) que Juan Manuel Insaurralde y Jonathan Silva se lanzaron, sin acertarse prácticamente ninguna, en pleno entrenamiento dirigido por Barros Schelotto y registrado por las cámaras de televisión. Ambos futbolistas serán sancionados económicamente, según lo confirmó la dirigencia del club. Más tarde, al día siguiente, otra vez las nubes negras oscurecieron la jornada “boquense” cuando se viralizó un video anónimo, de hace tres semanas, donde se ve a un ofuscado Ricardo Centurión  intentando ser contenido por algunos de sus compañeros para, teóricamente, evitar que se peleara con alguien en la concentración que Boca llevó a cabo en Mar del Plata con vistas al superclásico. Centurión, quien ya había tenido un problema de indisciplina e irresponsabilidad -en septiembre del año pasado-, aún más grave y por el cual no recibió sanciones de ningún tipo, cuando protagonizó con su auto un choque múltiple en el partido bonaerense de Avellaneda ocasionando heridas a dos personas, ahora, según decidió la dirigencia, tampoco será sancionado pero deberá mantener un tratamiento profesional con la psicóloga del plantel.



                Está claro que no fue un verano tranquilo para Boca pero tampoco hay que entender que está en el medio de un caos, atrapado por un tornado. Todavía puede recuperar la calma si es que el equipo logra estar despejado a la hora de entrar a la cancha. La imagen que “el once” del “mellizo” había ofrecido en los últimos partidos oficiales de 2016 osciló entre buena y muy buena, y cuando se reanude el campeonato lo hará como el único líder del mismo. Además, si bien es cierto que evidenció algunos inconvenientes futbolísticos en la pretemporada, sobre todo desacoples defensivos e inseguridades en el arquero, también es verdad que tuvo momentos de juego fluído (buena parte del cotejo ante Estudiantes y el primer tiempo ante River, por ejemplo) y que  la mayoría de los problemas en los que Boca se vió inmerso surgieron afuera del campo de juego, a partir de hechos extrafutbolísticos.



                En otras palabras, aunque el impiadoso sol, las crueles lluvias, las dañinas hormigas –con micrófonos y anónimas- y los propios imprudentes e irresponsables jardineros del club (entre ellos el de mayor rango) hayan producidos ciertos daños, el jardín xeneize todavía puede volver a florecer, a partir de marzo, si el equipo sabe regarlo y abonarlo con buen fútbol.