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Antonella Sansone

Columnista
antosansone@laweek.com.ar
LA SELECCIÓN SUB-20 Y SU COMPROMISO MÁS DIFÍCIL: PAGAR LOS PLATOS ROTOS DE LA AFA
11-02-2017 14:22:23 hs.

Las últimas actuaciones de la Selección Argentina Sub 20 dejaron al descubierto muchas falencias. Un empate a último momento que habilitó las chances ínfimas de seguir peleando por la clasificación al Mundial de Corea, un agónico triunfo anterior ante Colombia y un ilusionante triunfo abultado ante Bolivia por la primera fase son los resultados más destacados de los últimos tiempos y representa una señal de alarma en cuanto al desempeño del equipo.



Acostumbrados a ser el semillero del mundo en cuanto a futbolistas jóvenes y prometedores, que siempre regalaban alegrías en las competencias de esta categoría, se nos hace increíble el presente del seleccionado de Úbeda. Esto nos lleva a otra arista de esta realidad: los últimos resultados no son más que un reflejo de la actualidad de la Asociación del Fútbol Argentino.



La AFA se volvió sinónimo de corrupción, desorganización, muchos problemas y pocas soluciones, acefalía y una lucha interna por el poder que pretenden derivar en una “Superliga”. En este contexto, se hace difícil atender a otras cuestiones que le corresponden, como el caso de encontrar un técnico adecuado que se haga cargo de la Selección Sub 20.



Claudio Úbeda llegó a la dirección técnica del seleccionado habiendo sido designado por la Comisión Normalizadora de AFA, sin haber presentado un proyecto propio, con un cuerpo técnico ensamblado y contando sólo con tres meses de preparación para afrontar el Sudamericano Sub 20 que se está desarrollando en Ecuador.



Pero la Sub 20 no es la única que padece. En los Juegos Olímpicos, la selección Sub 23 fue eliminada en primera ronda con un equipo armado a último momento y sin la presencia de los jugadores pretendidos por Olarticoechea, que no fueron cedidos desde sus clubes y las escuetas presentaciones de la Selección Mayor desde la salida de Martino como DT, entre otras, por problemas con la organización son el fiel reflejo de la “crisis del fútbol argentino”.



Castigar a quienes se hicieron cargo es ver superficialmente la crisis. Los juveniles estuvieron diez meses acéfalos y la culpa es de la AFA, de sus dirigentes que defienden con fiereza y hasta con procederes engañosos a sus clubes pero se olvidan de la selección. Esto suma a la ausencia de proyectos que inviten a la refundación de los juveniles, a poder volver a ser potencia, el semillero del mundo, Argentina, donde tenemos potreros, donde se juega por la gloria, donde se sueña con ser futbolista, porque la ilusión está ahí, esa ilusión de mantenernos gigantes, de poder ser vencedores... Con esta actualidad empujamos a los más jóvenes a ponerle el pecho a las balas, y con razón parten desesperadamente a cualquier destino que los mire con buenos ojos, adonde puedan jugar al fútbol y donde no sea responsabilidad de ellos mantener de pie una estructura que se está viniendo abajo hace tiempo, aunque ¿lamentablemente? eso signifique no poder jugar en la selección.



Ahora, el partido contra Venezuela es clave: necesitamos un triunfo por 5 goles de diferencia para no depender de otros resultados. Se define si volvemos con las manos vacías o si son coronados héroes y clasificados al Mundial. Una hazaña en sí misma, pero aún más loable, considerando que todo lo de afuera juega en contra.