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ALGO ME LATE... ES MESSI
16-11-2016 21:08:32 hs.

La selección argentina de fútbol, de un tiempo a esta parte, entrega la imagen de un paciente médico cansado, desgastado, con ansias de una cama que lo cobije hasta que pase este invierno siberiano que azota al fútbol más sureño de América. Un paciente con un desorden reumático cuyo organismo se manifiesta ajado, al que parece costarle todo un Perú, un Venezuela, un Paraguay o -sobre todo- un Brasil.



 Problemas en las articulaciones; ¡cómo cuesta una triangulación o una pared! Aparentemente para que sea posible una jugada colectiva se necesita la clonación de otro  Lionel Messi. A veces el corazón no está funcionando correctamente; Javier Mascherano viene alternando buenas y malas. Los huesos, ¡Ay, los huesos dorsales del paciente!; hace un par de partidos que la defensa también comenzó a doler, y eso que Otamendi  y Funes Mori no tienen piedad ósea alguna con los rivales. Tampoco en la zona de los riñones hay paz; los mecanismos de filtración, reabsorción y excreción que dependen de la zona media no están funcionando con fluidez. A los pulmones de este equipo la tarea de proporcionarle oxígeno al organismo, es decir, proporcionarle goles, tan menester para vivir y para ganar, les resulta una labor pesada; hay partidos en los cuales los pulmones parecen obturados por los humos de goles errados en pretéritos momentos definitivos. Pero el paciente todavía tiene vitalidad, todavía tiene esperanzas de recuperarse.  Al paciente algo le late… es Messi.



Después del triunfo por 3 a 0 versus Colombia, conseguido ayer en la provincia de San Juan, con Lionel Messi erigiéndose, una vez más, como el San Salvador de Argentina,  la selección argentina aún muestra signos de vida. El astro rosarino puso en funcionamiento el  electroshock mediante un galáctico zurdazo al ángulo, tras un tiro libre que fue la consecuencia de una infracción que le cometieron a él. Luego inyectó dos asistencias, de esas “tomá y hacelo”, para que Lucas Pratto y Ángel Di María se activen con los goles que coronaron la victoria. Y regaló un par de lujos, apiladas de rivales y (también) recuperaciones que fueron intentando cicatrizar las heridas que se arrastraban desde Belo Horizonte.



El diagnóstico final es que el paciente todavía respira cuando a la pelota la tiene Messi; la sangre todavía fluye eléctrica cuando este corre y amaga esquivando rivales o cuando cuenta con un tiro libre cercano a ese edén decorado con piolas cuadriculadas que es el arco rival; el cerebro funciona con lucidez si el resto del organismo lo acompaña un poco y se la da al pie. El paciente, la selección argentina, todavía sonríe soñando con Rusia 2018 si la pelota puede jugar en los pies de Lionel Messi.



Por Elio Neme