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Juan Valenzuela

Columnista
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La escuela como pilar del desarrollo del deportista
31-10-2016 18:53:08 hs.

Desde el momento que una persona se inserta en la vida escolar, sin que se dé cuenta empieza a atravesar por un proceso de educación corporal sistematizada y planificada en las clases de educación física.



A medida que el sujeto va creciendo, se va complejizando el proceso educativo del cuerpo y sus movimientos: pasamos por juegos para correr, saltar, trasladar, etc., a los circuitos de destrezas individuales. De la gimnasia en una colchoneta a la combinación de movimientos con sus gestos técnicos correspondientes. Todas estas etapas son muy importantes para incrementar el bagaje motor y las capacidades físicas del individuo, o sea, para brindarle herramientas así pueda resolver situaciones que requieran determinadas aptitudes corporales.



En algún momento de la trayectoria escolar, y más precisamente de las clases de educación física, el joven se encuentra frente a una competencia. Y es en ese momento en donde el rol que ejerza el docente será clave para la formación del futuro deportista. Ya sea una simple carrera de velocidad o un partido de algún deporte en equipo, siempre que haya una actividad competitiva dentro del ámbito escolar, tiene que ser abordada como una situación educativa. Toda acción que se desarrolle en las clases de educación física o con la intermediación de la escuela, debe ser educativa.



La competencia puede ser una poderosa herramienta educativa por todas las enseñanzas que nos deja, tanto en la victoria como en la derrota. Y el docente de educación física debe ser capaz de capitalizar esas enseñanzas en pos de la formación del individuo, en primer lugar como persona, y en segundo término como futuro deportista.



Cuando la competencia está bien enfocada dentro del ámbito escolar, se pueden tener excelentes resultados formativos, y con suerte también deportivos. Enfocar al deporte escolar en objetivos deportivos solamente puede ser peligroso, ya que lo que importa en este caso son los resultados, dejando de lado muchas veces la formación del alumno. Enfocar al deporte escolar en procesos de enseñanza – aprendizaje es muy saludable, ya que lo que importa es cómo se transita ese proceso formativo, y no solamente el resultado del mismo.



La mayoría de los niños son naturalmente competitivos, quieren ganar siempre. No es necesario estimularles la competitividad, sino que debemos ayudarlos a que la canalicen positivamente. Exigirles a éstos pequeños que ganen, sin que aún puedan comprender o valorar todo lo que implica ganar, es perder el norte del deporte escolar. Hay que proponerles situaciones competitivas que les dejen enseñanzas, donde el ganador sea humilde y solidario con los compañeros. En donde el perdedor no sienta que “no sirve”, y comprenda que aún puede mejorar. Que todos comprendan la importancia y el valor del trabajo en equipo. En el deporte escolar no deberíamos hablar de rivales. Deberíamos referirnos a compañeros que, circunstancialmente, son adversarios. Nunca dejan de ser compañeros, inclusive si pertenecen a otra institución. En estos términos sería mas fácil capitalizar las enseñanzas de la competencia deportiva dentro del ámbito escolar.



Debemos aprovechar al deporte escolar para llenar de valores a la competencia deportiva: respeto, honradez, solidaridad, sacrificio, humildad y tantos otros valores que forman al futuro deportista. De esta manera, si se inserta en el ámbito federativo, será un deportista competitivo y con nobles valores.



 



¿Es necesario replantear las competencias escolares?



Actualmente abundan en las competencias escolares situaciones en donde los docentes están desesperados por ganar, ya sea porque el campeón se va de viaje o simplemente por el orgullo del docente. Muchas veces esas exigencias de los docentes no son congruentes con las pocas horas de educación física que tienen los alumnos en la semana. Además de ello, muchos docentes, por prepararse para las competencias, dejan de lado la clase de educación física y la transforman en un entrenamiento. Una clase nunca se debería plantear como un entrenamiento. Un entrenamiento previo a la competencia se enfoca solamente en los que están en condiciones de competir, el resto queda afuera. La diferencia es que una clase es siempre inclusiva, donde todos pueden participar de ella. Si las competencias deportivas escolares obligan a que los docentes planteen entrenamientos en vez de clases, se está equivocando el camino.



 



Sin dudas es un tema que se debe discutir en profundidad. Así hemos abordado la importancia de la escuela en el desarrollo del deportista. Espero que les haya interesado la columna, y en ese caso que la puedan compartir y/o comentar. En la próxima columna escribiré sobre la importancia de los clubes en el desarrollo del deportista.



Muchas gracias por la lectura…