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Gonzalo Salvatierra

Columnista
gonzalosalvatierra@laweek.com.ar
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EL QUE ROBA A UN LADRÓN, TIENE...
17-07-2017 18:34:30 hs.

En Argentina no nos bancamos la "viveza criolla" ajena. En el año 1995, Argentina disputaba la Copa América en Uruguay. La selección conducida por Daniel Passarella era la mejor, a nivel nombres, mientras que Brasil, conducido por el histórico Zagallo, llevó a un segundo, tal vez, tercer equipo, como solía hacer en las anteriores copas.



Ambas selecciones se enfrentaban en los cuartos de final, Argentina comenzó ganando con gol de Abel Balbo, la 'canarinha' empató rápidamente con una gran definición de Edmundo. En el segundo tiempo, Gabriel Batistuta logró desnivelar el encuentro. El inconveniente surgió a los 35 del segundo tiempo, centro de Jorginho y Túlio Maravilha bajó ese centro con la mano izquierda claramente, el árbitro Tejada no vio esa infracción y la historia es conocida.



El día después, la mano de Túlio se volvió un tema a nivel Mercosur. Las quejas y los cuestionamientos fueron particularmente contundentes por parte del ex capitán del seleccionado Diego Maradona, quien destacó que el delantero no es ningún pícaro porque hizo una mano que la vio toda la cancha .



Maradona protagonizó un gol con la mano en el partido contra Inglaterra en el Mundial de México-86, y que a la postre fue ganado por la selección nacional.



El seleccionador de Brasil dijo, entre tanto, que el presidente de Argentina, Carlos Saúl Menem, debería preguntarle a (Diego Armando) Maradona qué es un robo monumental dentro de un campo de fútbol , en referencia a las declaraciones del jefe de Estado tras la eliminación de la selección argentina en la Copa América.



El presidente argentino calificó de robo lo sucedido. En esta Copa América, Argentina le ganó a Bolivia 2-1 con un gol imposibilitado por fuera de juego y no escuché a ningún argentino hacer referencia a esa jugada , agregó Zagalo.



Ahora bien, ¿el argentino puede quejarse? No, obviamente que no. Nosotros ganamos un mundial con un gol que le llamamos "la mano de dios". La "viveza criolla" ajena no nos bancamos, mientras que adoramos la nuestra.