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Elio Oktubre

Columnista
eliooktubre@laweek.com.ar
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LA TEDIOSA TELENOVELA DE TREINTA EQUIPOS
29-06-2017 17:56:39 hs.

Como una telenovela con final previsible, de esas que luego de una decena de capítulos ya sabemos cómo terminará, quiénes concluirán sonrientes y brindando y quiénes con lágrimas y amargados, así pasó el Campeonato de Primera División, organizado por la Asociación del Fútbol Argentino. Se pasó con algunas penas y pocas glorias. Fue una historia de enamoramientos con poca intensidad, de treinta largos y tediosos capítulos donde escasearon las actuaciones magistrales; una historia que contó con muchos actores de reparto, demasiados actores de reparto, veintinueve, que mostraron pocas capacidades para disputarle el protagonismo al único que, a pesar de sus innegables limitaciones, se bancó ser protagonista, el único que se mostró con la capacidad de aguantar que todas las miradas inquisidoras lo señalaran exigiéndole un juego vistoso, efectivo y, además, como si esto fuera poco, regular; en otras palabras, un juego que hace rato sólo aparece a cuenta gotas en nuestro fútbol. Ese protagonista del que hablamos, claro está, es Boca Juniors. El equipo comandado desde afuera por Guillermo Barros Schelotto, apoyado en los buenos pasajes de Carlos Tévez (antes de marchar al fútbol de China) o de Fernando Gago, en los desequilibrios (los de adentro de la cancha) de Ricardo Centurión o el equilibrio que, cerca del final, le brindó el colombiano Wilmar Barrios y, sobre todo, apoyado en los 21 goles de Darío Benedetto, máximo enamorador de las redes rivales en todo el torneo. El equipo que más victorias consiguió (18), que menos derrotas sufrió (sólo 3) y que más goles anotó (62). Boca fue, indiscutiblemente, el justo campeón del fútbol argentino. Sin embargo, esto no debe tapar lo tedioso y poco serio que se vuelve el campeonato nuestro de cada día con treinta equipos participando, con veinte o veintidós compitiendo y el resto haciendo de relleno, con partidos y equipos que se pierden en la nebulosa de cada fecha que se disputa, que quedan relegados, como un familiar lejano que vive en otro país, ante la urgencia de seguir los pasos de quienes luchan por llegar a la cima.



                Hablando siempre de lo que ocurre dentro de los campos de juego, sobre el verde césped y no en las oscuras, sangrientas y enlutadas tribunas de los estadios, el campeonato del fútbol argentino, como todos, como cualquier otro, tiene características positivas y negativas, cuenta con vaivenes de mayor y menor emotividad y nivel de juego. Eso está claro. Pero lo que también resulta evidente, por lo menos en mi opinión personal, es que la “audaz” iniciativa grondonista, iniciativa con finalidades políticas por cierto, de conformar un torneo con treinta equipos nunca resultó y ya no da para más. Se cortó el piolín que lo sostenía. Con más notoriedad que antes, en el certamen que finalizó este martes pasado se vieron clubes que parecían “obligados” a jugar en Primera División, padeciendo durante 30 fechas el no poder contar con los recursos para pelearla de igual a igual, caso Atl. Rafaela, Aldosivi, Quilmes, Arsenal, Sarmiento, Olimpo, entre otros; es decir, clubes que se pasaron sufriendo lo que se supone debería ser un disfrute.



                Otro problema que presenta el torneo local de primera es que, por diversos factores entre los cuales sobresale la necesidad y urgencia de vender jugadores al exterior y, por ende, modificar el plantel con tanta rapidez como se cambia de cepillo de dientes, cada vez se hace más difícil mantener regularidad en el buen juego por parte de un equipo; más bien lo que hallamos son efímeros lapsos en los que alguno que otro conjunto puede encontrar un buen funcionamiento, pero eso se desvanece rápido.



                Quizás una de las pocas cuestiones que todavía hacen atractivo a nuestro más estelar fútbol es la paridad que existe entre muchos equipos, el hecho de que aún cualquiera le pueda ganar a cualquiera, sin embargo esa característica debe tomarse con pinzas. A mi modo de ver, ese carácter de impredecible que puede tener cada partido no se produce debido a que todos juegan bien, sino que por el contrario, es una paridad consecuente de que ningún equipo consigue solidez en su rodaje futbolístico, pues ese contexto de constantes y vertiginosas modificaciones de los planteles, que señalé en el párrafo anterior, hace casi imposible la identificación de un equipo con un estilo de juego determinado. En otras palabras, es una paridad más ligada a las sombras de cada conjunto que a las luces que puedan irradiar, más ligada a la mediocridad que a la brillantez de sus niveles de juego.       



 



                 Todo cambia y muy rápido en los quehaceres del fútbol doméstico, todo se va acomodando a las urgencias, económicas y futbolísticas, que se presentan ante cada nuevo compromiso, todo se ata con alambre. A eso hay que sumarle que actualmente el campeonato de primera parece una velada a la que le sobran algunos invitados, que sólo fueron convocados por obligación y para que fuesen más los contentos; “el contento no se queja” habrá pensado “Don Julio”. También le sobran las horas de reunión, treinta horas puede ser un exceso, con las copas vacías, los ceniceros llenos y las parejas ya formadas algunos invitados tienen que esperar cautivos a que se apaguen las luces artificiales y despunte el amanecer. De hecho, hubo equipos que a pesar del gran número de clasificados a copas internacionales y de descendidos no tenían otra motivación que sumar puntos pensando en el futuro.



                Lo que quiero decir, para cerrar este artículo de opinión, es que todos los factores que apunté anteriormente se conjugan y generan que el nivel del fútbol de Primera decaiga, descienda o se estanque cada vez más cercano a la mediocridad. El campeonato argentino de treinta equipos y treinta fechas se termina convirtiendo en una historia melodramática pero excesivamente prolongada, monótona, aburrida, fútil y de final previsible; como una telenovela de Pol-ka en la que desde que se nos presenta el elenco y se nos exhiben los primeros diez capítulos ya podemos prever quiénes  serán los triunfadores y quiénes los derrotados, una telenovela en la cual podemos anticipar que los mismos “buenos” de siempre están destinados a tener que superar los diferentes escollos que impondrá la trama pero al final, cuando el guión encuentre el punto de clausura, terminarán felices y descorchando champagnes. Una tediosa telenovela que sólo disfruta el campeón.