Ingresar    Registrarse  

Elio Oktubre

Columnista
eliooktubre@laweek.com.ar
3813586373
INOLVIDABLE AYRTON SENNA
04-05-2017 18:18:16 hs.

El primero de mayo pasado, el lunes que pasó, se cumplió un nuevo aniversario del trágico accidente que se llevó la vida de Ayrton Senna Da Silva. El piloto brasileño fue tres veces campeón mundial de Fórmula 1 y ha sido considerado, de manera generalizada, por muchos de sus colegas y/o expertos en la materia, como “El piloto más rápido de la historia de la F1”. Se cumplieron 23 años de aquella fatídica tarde en que la curva de Tamburello, en el Gran Premio de San Marino de 1994, decidió detener para siempre una vida llena de talento. Hace 23 años de aquel acontecimiento emblemático que cambió para siempre la historia de la Fórmula 1 en cuanto a la seguridad que se les exige a los coches de las escuderías. Hace 23 años que Ayrton Senna se convirtió en leyenda, no por el hecho de perder la vida en una pista, sino por dejar en la galaxia Automovilismo una estrella cuyo brillo resplandecerá eternamente.



                Ayrton comenzó a experimentar su pasión por los motores tempranamente, con sólo cuatro años, cuando su padre Milton Da Silva le regaló un pequeño kart (con un motor de un caballo de potencia). Su primera carrera fue a los ocho años, donde compitió con chicos más grandes. Luego, a los trece, llegaría su primera competición oficial en el mundo del karting. Mundo en el cual comenzaría una creciente cosecha de logros, a nivel nacional y sudamericano, que lo terminarían llevando a Europa. Más precisamente al equipo DAP, de Italia, para el que participó en el Campeonato del Mundo de Karting (desde 1978 hasta 1982; obteniendo dos subcampeonatos). Con relación a su experiencia en el karting Senna declaró alguna vez “Allí aprendí muchas cosas. Mucho de lo que uso en la Fórmula 1 lo aprendí en kart”. De hecho, se llegó a decir que su gran destreza y capacidad para conducir bajo la lluvia, en cierto modo, se la debía a su afición por el karting.



                Su carrera en monoplazas comenzaría allá por 1981, en Inglaterra, cuando con el equipo Van Diemen participó y fue campeón del “Campeonato RAC y Townsend-Thoreson” de Fórmula Ford 1600. Posteriormente, pasaría a la Fórmula Ford 2000, donde se coronaría a nivel británico y europeo. En 1983 competirá en el Campeonato Británico de Fórmula 3 donde ya comenzaría a llamar la atención de escuderías de F1, llegando a tener la posibilidad de realizar sus primeras pruebas. Un año después, finalmente, se produciría su debut en el anhelado campeonato mundial de Fórmula 1, en su país, en el Gran Premio de Río de Janeiro, a bordo de un coche de la escudería Toleman. Desde esa primera temporada, Ayrton Senna ya comenzó a alcanzar sus primeros podios y a provocar elogios por su habilidad y audacia al volante; sobre todo tras el GP de Mónaco, cuando en un estrecho circuito afectado por fuertes lluvias en la previa, el brasileño daría una lección magistral de cómo manejar en pista mojada, ascendiendo desde el puesto 13º al 2º, por detrás (a 7’’) de otro gigante y quien se convertiría en uno de sus clásicos rivales: el francés Alain Prost. En 1985 se trasladaría a las filas de la escudería Lotus, donde obtuvo su primeras poles positions (7) y sus primeros triunfos; dos, y los dos bajo lluvia. Si bien los logros en Lotus se irían incrementando, Senna soñaba siempre con más. Por eso en 1988 se fue a una escudería con ambiciones similares a las de él, se fue a Mc Laren; escudería con la cual, ese mismo año, lograría su primer título mundial de F1. Allí arrancaba la etapa más estelar de la carrera de Ayrton, no solamente por los champagnes descorchados y las banderas brasileras flameando en lo más alto del podio sino también por grandes demostraciones de manejo, por definiciones y decisiones polémicas en las pistas y por ese aura de leyenda que parecía acompañarlo en cada carrera compleja que se le presentaba.  El piloto carioca cosecharía dos títulos mundiales más (1990 y 1991), siempre en Mc Laren. Luego, en el año 1994, vendría su paso a Williams y lo que ya todos sabemos, el maldito mortal accidente en el circuito de Imola (en el autódromo Enzo e Dino Ferrari), cuando en la séptima vuelta del Gran Premio de San Marino, el monoplaza de Senna pasó de largo en la curva Tamburello y se estrelló contra un muro de hormigón a más de 200 km/h.



                Esto último me da el pase justo como para hablar de las investigaciones que se realizaron acerca del fatídico suceso, de las sospechas que giran en torno a esas investigaciones, para hablar de cuáles son las posibles razones por las que ocurrió el accidente, para analizar si se trató de una tragedia o no, para señalar responsabilidades de tales y cuales autoridades de la FIA y/o miembros de la escudería Williams. Pero no aceptaré ese pase en este artículo, no porque me resulte indiferente o irrelevante, al contrario; no aceptaré ese pase simplemente porque este texto se escribió para homenajear al Ayrton Senna piloto, al Ayrton Senna deportista, al Ayrton Senna leyenda en las pistas y arriba de un monoplaza, al Ayrton Senna idolatrado por su maestría para manejar más rápido que todos los de su tiempo. Y quizás, muy  probablemente, este artículo se quede corto en su intento de homenaje. Pero dicho texto habrá de resultar útil, por lo menos para quien escribe, si las palabras que contiene, si el escueto repaso que realiza por la esplendorosa carrera de Ayrton Senna, logran evindenciar su pasión por los motores y sirven, simultáneamente, para rememorarlo deteniendo su coche a un costado del guardarraíl y saludando al mundo con la bandera brasileña agitándose al viento, como cada vez que ganase un Gran Premio de Fórmula 1.