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Elio Oktubre

Columnista
eliooktubre@laweek.com.ar
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ENREDADO EN SUS SOMBRAS
16-04-2017 10:04:58 hs.

Como un escritor enmarañado al que sus penumbras personales le ganan sus creaciones, se apropian de sus creaciones,  como un escritor que ideó producir un historia feliz y reluciente pero que termina repitiendo historias amargas y oscuras del pasado, como un escritor que no encuentra una nueva luna que lo inspire, al que no le salen los días de sol, así anda San Martín en el Nacional “B”, enredándose en sus sombras. Y es que el equipo que dirige tácticamente Diego Cagna no puede cortar la racha sin ganar -ya se estiró a cinco fechas- y ya bajó hasta la zona más oscura de todo torneo, la zona de descenso. Si bien aún tiene mucho por jugar y por escribir, lo preocupante es que el “Santo” no muestra signos convincentes de recuperación, no se inspira. Mucho puntaje bajo, nada esperanzador. Aunque  en ciertos tramos de los partidos de este reinicio de la B Nacional pudo reflotar alguna que otra de las virtudes de la primera parte del campeonato siempre falla en algo. Impericias a la hora de definir en el arco rival, un modo de jugar poco creativo, redundantes errores defensivos, entre otros factores, lo vienen condenando a sumar lamentos y penas. Además los problemas se acumulan, nada lo ayuda últimamente, hasta los propios complican el panorama. A la combinación de jugadores suspendidos y lesionados, futbolistas con bajos rendimiento y pocas variantes para el recambio, ahora, esta semana, se le sumó el problema de la indisciplina que se descubrió de algunos integrantes del plantel y que provocó la sanción y separación momentánea de cuatro de ellos. Además, en otro ámbito, en el político, comenzaron a hacerse públicos los primeros resquemores entre los futuros candidatos a la presidencia de la institución. En pocas palabras, todo resulta muy complicado y engorroso en la actualidad del “Santo de la Ciudadela”. Está atravesando un presente intrincado y tedioso, donde la musa que lo ayude a salir no aparece. Tendrá que tomar esta fecha libre que le otorgó el fixture para hacer borrón y cuenta nueva de lo que viene escribiendo en este 2017.



                Como ante cada prólogo de temporada las esperanzas estaban renovadas en San Martín al reiniciar el campeonato del Nacional “B”. Ya sea con el objetivo racional de lograr un regular funcionamiento del equipo y entreverarse en el lote de los de arriba en la tabla general; ya sea sosteniendo la utopía de lograr el ascenso. Si bien no se había revolucionado el mercado, se logró contratar a un futbolista con experiencia (aunque con su época de esplendor en un pasado bastante lejano) como Leandro Gracián, alguien que prometía un fútbol mejor pensado. El prólogo se escribió mostrando conformidad con lo producido en la primera parte del torneo y con la ilusión de mejorarlo y escribir una historia de días felices con cielos despejados.



                El comienzo, el primer capítulo, en una noche reluciente en Ciudadela, con un 3 a 0 sobre un “Lobo” jujeño que pareció el inocente personaje de un cuento infantil, reforzó las ilusiones de que los capítulos venideros serían para disfrutar. Pero la fábula de un “Santo” dichoso y jovial se comenzó a frustrar temprano, diferentes villanos le fueron copando la trama e hicieron que la historia vaya adquiriendo, poco a poco, fecha a fecha, cierto tono dramático. El primer verdugo sanmartiniano apareció en el segundo capítulo, en Pergamino. Douglas Haig lo cacheteó y le desparramó por el suelo los ánimos de acomodarse en las alturas de la tabla de posiciones. Luego vino la visita a Mataderos, donde un “Torito” nada amistoso se lo llevó por delante e hirió feo al “Santo”, dejándole el ardor sangrante de tener que mirar la Copa Argentina desde afuera. El cuarto capítulo también se desarrolló en casa ajena; fue en La Paternal donde los “Bichitos Colorados” se aprovecharon del andar penoso y la desorientación que ya cargaba el equipo tucumano y le consumieron otro poco de sus vitalidades. Después vino el retorno a la Ciudadela, la vuelta al hogar caluroso hogar, donde se anhelaba apaciguar los dolores acumulados, volver a sentir seguridad, recobrar un poco de energía y una dosis de alegría, pero sólo se sumó un frustrante empate que cargó más incertidumbres y temores a la mochila. Y es que tras ese partido y la seguidilla sin sumar de a tres, el fantasma del descenso empezó a merodear en las pesadillas del “Santo”. De hecho, en el sexto capítulo, en el Barrio Chacarita, la aparición de un “Funebrero” inclemente que lo golpeó otra vez y lo mandó al sótano de la tabla de promedios o “promiedos” le comenzó a otorgar tintes propios de un cuento de terror a esta historia de San Martín en la segunda mitad del Nacional B.



                Es cierto e innegable que hoy el “Santo de la Ciudadela” se encuentra embrollado en un relato que lo sumergió hacia una zona cubierta de penumbras donde la presencia del fantasma del descenso ya se no se puede ignorar, donde el fantasma ya le susurra al oído incluso durante la vigilia. Pero también es verdad que todavía tiene muchos capítulos por escribir, diecinueve capítulos que pueden darle un giro a la trama que actualmente se ha tornado un poco dramática. Tal vez la actualidad sólo sea el nudo de la narración. A lo mejor en el porvenir aparece alguna musa inspiradora y el desenlace resulta placentero. Por lo pronto, habrá que ver cómo se sigue escribiendo esta historia el próximo miércoles cuando San Martín reciba en su casa, desde las 21.30, a Crucero del Norte.