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Elio Oktubre

Columnista
eliooktubre@laweek.com.ar
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ES FEDERER TODO LO QUE RELUCE
07-04-2017 11:00:18 hs.

Qué se puede decir sobre Roger Federer que todavía no sea haya dicho. Con qué halagos se puede ofrendar su magia a esta altura, cuando ya se usaron todos. Cuáles calificativos, de aquellos que mi ignorancia no me impide conocer, pueden ayudarme a ganar este game de otorgarle una justa dimensionalidad literaria a la grandeza tenística del suizo. ¿Será que debo definirlo como un artista que se vale de su raqueta para desplegar su creatividad? Cómo evitar caer en la redundancia de categorizarlo como una leyenda viva, una leyenda que continúa agigantándose y enriqueciéndose (y no hablo sólo de sus arcas económicas) con cada nuevo torneo que gana. Cómo esquivar a la tentación de definirlo como un ser proveniente de otra galaxia; una galaxia en la que seguramente todos sus habitantes juegan al tenis y de la cual nos mandaron al mejor de todos. Cómo no entregarse a la fantasía de imaginar un Olimpo compuesto por Deidades del Deporte y postular a Roger Federer como un descendiente directo, el primogénito, del Dios del Tenis. En fin, es inútil, los adjetivos -todos- se me quedan en la red cuando intento dimensionar con palabras lo fantástico y excelso que resulta el talento de Federer para jugar al tenis. Y es que a sus 35 años, y tras una inactividad de seis meses, cuando quizás algún imberbe e irrespetuoso osaba pensar que sólo continuaba jugando para acrecentar su patrimonio, “el Señor Tenis” volvió al circuito revitalizado y arrancó arrasando 2017, obteniendo los tres títulos más valiosos y relevantes del inicio de cada temporada (Australia Open, Indian Wells y Miami) y dándose el gusto de vencer en tres ocasiones consecutivas (dos en finales) a Rafael Nadal, ese que tantas veces fuera su verdugo.



                Desplegando un tenis fantástico, como en sus mejores tiempos, siendo quizás menos contundente para vencer, pero mostrando incluso mayor temple y sabiduría que en sus años más jóvenes, Roger Federer parece dispuesto y decidido a volver a ocupar el trono de la ATP. Con este victorioso inicio de temporada como base, Roger tiene campo abierto para soñar con volver a la cima del Ranking Mundial. Un anhelo que cuenta con pronóstico a favor debido al momento en descenso que atraviesan Andy Murray (arrastra una lesión que lo viene marginando de la competencia) y Novak Djokovic (que viene exhibiendo un rendimiento lleno de vaivenes). Además, tanto el británico como el serbio deberán defender una gran cantidad de puntos esta temporada, un aliciente para un Federer que si bien jugará pocos torneos para cuidar su físico, no tiene tantos puntos que defender y combinando el buen nivel que viene teniendo con una buena planificación del circuito a recorrer en la temporada podría alcanzarlos e incluso superarlos.



                “El cuento de hadas del regreso” como lo definió el propio Federer en conferencia de prensa tuvo su primer capítulo a comienzos de este año, cuando el suizo se consagró campeón del Australian Open por quinta vez en su carrera y obtuvo su 18avo Grand Slam, ese que tanto se hizo esperar, ese que hizo más grande su leyenda y su récord como el tenista con mayor cantidad de torneos grandes ganados. Roger se dio el gusto de acabar con casi cinco años de sequía en esta clase de torneos (el último había sido Wimbledon 2012) y de vencer a ese que tantas veces lo frustró, al gran Rafael Nadal, en otra magnífica y soñada final definida en el quinto set. Además, como bonus track, con esa conquista igualó un récord de Pete Sampras, el de consagrarse en un Grand Slam arrancando como preclasificado N°17. En conclusión, el primer capítulo del cuento concluía, allá por fines de enero, de la mejor manera para el tenista nacido en Basilea. Llegó con el objetivo de recuperar el ritmo tenístico y avanzar hasta la segunda semana de competencia después de la lesión y se terminó yendo campeón, una vez más.



                 Posteriormente, el príncipe suizo del cuento cabalgó con sus raquetas hasta el Master de Indian Wells. Allí volvió a consagrarse. Tras vencer en la final a su compatriota Stanislas Wawrinka y alzarse con su 25to Master 1000 confirmó que lo de Australia no fue casualidad, escaló hasta el sexto lugar del Ranking ATP y comenzó a redefinir sus objetivos para la presente temporada, ya que los éxitos llegaron tan raudamente que hasta su equipo se vería sorprendido. De hecho, en la conferencia de prensa posterior a su triunfo, el mismo Federer se sinceraría afirmando “Junto a mi equipo de trabajo definimos que nuestra meta era estar en el top 8 después de Wimbledon”. Pero es que toda estrella parece estar al alcance de su mano y su raqueta cuando Roger juega como él sabe. Por eso es que el final del tercer capítulo desarrollado en el Master 1000 de Miami, el domingo pasado, ya no generó ningún tipo de sorpresas en el mundo tenístico; sí admiración, claro. El suizo volvió a relucir con todo su esplendor, se encontró otra vez en una final con Nadal -con la particularidad de que el escenario era la misma cancha en la que chocaron por primera vez hace ya trece años- y nuevamente pudo festejar. Un contundente 6-3 y 6-4 final le dio a Federer su título número 91, lo elevó hasta el cuarto puesto del ranking mundial y le permitió aferrarse con fuerza a ese afán de ser, también en los números de la ATP, el mejor de todos.



                En definitiva, habiendo realizado un breve repaso por el laureado comienzo de la actual temporada y teniendo conocimiento de los múltiples galardones conseguidos y de la inmensidad del talento desplegado por Roger Federer a lo largo de su carrera, calificarlo no me alcanza, me resulta una acción insípida. Una acción de la cual sólo se podrían ocupar los poetas. Yo me rindo. Los adjetivos que pude recolectar, cobardes como yo, abandonan al sentirse 0-5 y dos sets abajo en la misión de ser capaces de expresar o figurar tantas cualidades de ese sustantivo con mayúscula que es El Tenis de Roger Federer. Los adjetivos se me rinden, dimiten de la misión encomendada y sólo desean arrodillarse y ofrendarle una reverencia a Su Majestad.