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Elio Oktubre

Columnista
eliooktubre@laweek.com.ar
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LA SELECCIÓN, ENTRE SOMBRAS Y OSCURIDADES
31-03-2017 14:54:37 hs.

Antes de arrancar la doble fecha de Eliminatorias el panorama para la Selección Argentina de fútbol se percibía empedrado y sombrío. Al finalizar la misma, el horizonte no se ve, se cubrió de total oscuridad, ya no hay luces que guíen el caminar. Como ya se sabía, las luces artificiales a las que el seleccionado recurre hace tiempo vienen revelando continuamente su desgaste, parecen ya no tener energía para iluminar el camino, parecen necesitar una renovación. Las ya tenues luces artificiales siguen perdiendo fuerza con el andar pantanoso que arrastra el equipo o, en palabras más precisas, ese conjunto de jugadores que ingresan al campo de juego vistiendo la celeste y blanca y en representación del fútbol argentino. A esa realidad ya conocida en lo previo, durante estos días, se le sumó un nuevo y grave inconveniente que provocaría esa sensación perceptiva de oscuridad absoluta, la sensación de no saber cómo seguir ni a qué aferrarse. Nuestra luz estelar dejó de brillar, la luz estelar que nos iluminó en el más reciente tramo versus Colombia, esa estrella que era nuestro lujo se apagó, o mejor dicho fue apagada por una sanción disciplinaria del omnipotente y omnicorrupto dios malo, llamado FIFA. Y es que si bien es cierto que luego de enfrentar a Chile y a Bolivia la posición que ocupa en la tabla clasificatoria es prácticamente la misma que antes (continúa en el quinto lugar clasificándose al repechaje), tras la doble jornada el seleccionado que dirige tácticamente Edgardo Bauza resulta estar aún más perdido, desorientado y afligido que antes en su camino a Rusia 2018. Pues además de volver a evidenciar sus múltiples carencias, de una idea de juego como base, de variantes en ataque, de seguridad y solidez defensivas, de rebeldía y “fuego sagrado”, ahora la selección del “Patón” también perdió, por una suspensión, a Lionel Messi, el único que parecía poder allanar ocasionalmente alguno de los sinuosos senderos venideros.



                El camino de la reciente doble jornada de Eliminatorias se inició el jueves de la semana pasada ante Chile, en el estadio Monumental, con un seleccionado argentino ganador en los números fríos (fue 1-0, con un gol de penal) pero que, una vez más, se mostró apático, indigente para poner en práctica una idea futbolística y lleno de incertidumbres. El juego asociado brilló por su ausencia, sobraron los pelotazos desde la zaga central, el 10 se perdió entre tanta mediocridad y terminó deambulando y peleándose con los jueces de línea. El más aplaudido, por su férrea marca, resultó ser Gabriel Mercado; todo un símbolo del fútbol que no brinda el equipo. Argentina no jugó a nada, terminó pidiendo la hora, pero logró sumar tres puntos que la metían provisoriamente en puestos de clasificación directa. Posteriormente, llegaba la hora de planificar el partido contra Bolivia y contra la altura de La Paz. Bauza, que sin pudor había calificado de excelente la actuación frente a los trasandinos, preparaba un 4-4-1-1. Pero una bomba, que se rumoreaba desde el lunes, estallaría en la previa al match en el Hernando Siles. En la mañana del martes se confirmaba la decisión de la Comisión Disciplinaria de la FIFA de suspender duramente a Lionel Messi por cuatro partidos, debido a que el astro rosarino agredió verbalmente a un juez de línea en el partido contra Chile. Si bien la sanción se sustenta en un hecho verídico que ocurrió, no deja de resultar sospechoso o raro y de provocar una lluvia de teorías conspirativas el modo en que se arribó a ella, ya que se trata de una determinación tomada de oficio, cuatro días después y a partir de un video que ni siquiera procedió de la transmisión televisiva oficial. Así las cosas, el equipo del “Patón” tenía que enfrentar a la selección más débil y al campo de juego más complicado sin el jugador que cuando se enciende lo puede rescatar del tedio y de su falta de lucidez. Con el antiguo o arcaico plan ideado por el D.T. de generar un trámite lento y de sustentar las esperanzas ofensivas en algún arresto individual o un centro preciso no alcanzó. En más de 3000 metros de altura y en una cancha barrosa, despareja e imposible para jugar bien poco se pudo hacer. No hubo hazaña, se perdió 2-0. Bolivia aprovechó un par de errores defensivos y celebró ganarle a la histórica selección argentina. Los posteriores resultados de la fecha determinarían que Argentina retorne a su anterior quinta posición y quede nuevamente en el riesgoso e incierto puesto del repechaje. Y como si esto fuera poco, como si no sobraran las incertidumbres, el periodismo comenzó a instalar dudas en cuanto a la continuidad del actual Director Técnico; reforzando esas sospechas de una posible renovación en el cargo a partir de la reciente asunción de un nuevo presidente y comisión directiva en AFA. El camino, entonces, concluyó con un seleccionado más desorientado y con más urgencias que antes, haciendo números y sin saber a qué razones aferrarse para un futuro bienaventurado.



                En otras palabras, luego de transitar dos nuevos tramos en su camino hacia Rusia 2018, el panorama se oscureció aún más para la selección nacional de fútbol. El cielo antes estaba nublado, la estrella guía iluminaba de tanto en tanto el sendero por donde transitar. Ahora, en cambio, el cielo se cubrió completamente, nubes que son sospechas, nubes que amenazan tormentas no la dejarán resplandecer por estas tierras hasta el último compromiso versus Ecuador. Pero como en todo ámbito de la vida, y sobre todo en el deporte, siempre hay una esperanza de que cambie el viento, de que el viento sople a nuestro favor y nos despeje, mostrándonos una nueva estrella que nos oriente, que nos ilumine. Para que eso ocurra habrá que cambiar algo, o mucho, de lo que se viene haciendo mal; habrá que renovar las energías gastadas; habrá que construir, con mayor convicción, fundamentos futbolísticos más sólidos; habrá que cambiar de estrella jugando en equipo.