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Elio Oktubre

Columnista
eliooktubre@laweek.com.ar
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UNA ETERNA CARRERA POR LA MEMORIA, LA VERDAD Y LA JUSTICIA
24-03-2017 19:07:50 hs.

La historia que se conoce de Miguel Benancio Sánchez comienza como la de un tucumano más; un tucumano nacido en Bella Vista, décimo hijo de una familia humilde, cuyo padre era un trabajador azucarero,  y que anhelando un futuro con más oportunidades laborales y para sus pasiones, en su adolescencia, decidió trasladarse a Buenos Aires. Con sólo 17 años y todos sus sueños de atleta y poeta a cuestas, cargando una valija de cartón, llegó a la casa de su hermana Elvira Sánchez, ubicada en Villa España, en el partido bonaerense de Berazategui. Pero la historia de Miguel sería interrumpida cuando tenía 25 años. Su vida sería cubierta por el terror que la última dictadura desató e impuso en nuestro país. Una madrugada, cerca de las 3 de la mañana del 8 de enero de 1978, un grupo de tareas del Ejército entró en su casa y obligó a Miguel a la más profunda oscuridad; esa que ni siquiera tiene la certeza del fin. Lo privaron de un último beso a su madre.  Le ordenaron vestirse con un conjunto de gimnasia y lo arrancaron de su vivir. Dejaron los libros de la biblioteca revueltos en el suelo, cincuenta trofeos, treinta y seis medallas, y un perro que del susto y los culatazos no ladró durante dos años. Desde esa madrugada, Miguel Benancio Sánchez se convirtió en un desaparecido. La historia de Miguel, por lo tanto, no tiene un final, continúa latiendo en la memoria, es la historia de un atleta, poeta y militante peronista que se reaviva cada vez que se corre en su nombre, que revive en cada una de las carreras que se realizan activando su recuerdo y el de cada uno de los desaparecidos por el Terrorismo de Estado que llevó a cabo el gobierno militar impuesto un 24 de marzo de 1976.        



                La vida de Miguel fue intensa, como una carrera a fondo. Su hermana Elvira lo recuerda diciendo "Amaba tanto la vida que no desperdiciaba un minuto: para el deporte, para el trabajo, para leer". Apenas llegó al gran Buenos Aires, Miguel Sánchez comenzó a poner en marcha sus deseos de ser atleta. Primero jugando al fútbol, siendo parte de las divisiones inferiores del Club Gimnasia y Esgrima La Plata. Luego, a partir de que su velocidad era destacada, de hecho lo apodaban “Correcaminos”, y también debido al poco tiempo que le dejaba su trabajo como ordenanza en una institución bancaria, Miguel emprendió su carrera en el atletismo. Su entrenador, Osvaldo Suárez, cuenta que “el Tucu” no faltaba nunca a los entrenamientos y que por su empeño mostraba un rendimiento que ascendía progresivamente. Entre otras numerosas competencias, Sánchez participó en tres ediciones de la mítica Carrera de San Silvestre que se disputaba en San Pablo, Brasil (Emblemática competencia de más de 90 años de historia, que se disputa aún en la actualidad y que tiene la particularidad de iniciarse el 31 de diciembre y concluir el 1 de enero del año siguiente). Pero las pasiones de Miguel no se limitaban al mundo del deporte, también era un apasionado de las letras y un militante de la Juventud Peronista. Tenía ansias por ayudar a cambiar la injusta realidad en la que se había sumergido a la Argentina y, a la vez, sentía la necesidad de leer y escribir. Según el periodista Pablo Llonto en sus textos se evidenciaba una cuestión humanística. Del Miguel poeta, en la actualidad, se sabe que volcaba sus sentimientos en un diario personal y, además, se conoce un poema de su autoría titulado “Para Vos Atleta”; texto en el cual entre sus versos proclama “Para vos, atleta/ que desprecias la guerra y ansías la paz.”.



                A Miguel no lo dejaron seguir viviendo sus pasiones. El monstruo enceguecido de poder, el gobierno militar, terrorista y genocida comandado por Videla, que no quería que nadie se atreviera a cuestionarlo, ni con palabras ni con pensamientos, arrebató a Miguel de sus anhelos y le cubrió los días de absolutas y tenebrosas noches. Como a tantos argentinos, como a otros 34 deportistas (según las investigaciones que se han logrado hasta ahora), a Miguel Benancio Sánchez lo secuestraron y lo convirtieron en un desaparecido de la dictadura. "Chau, petisa" se despidió de su hermana antes de viajar a San Pablo, el 7 de diciembre de 1977, para su última Carrera de San Silvestre. "Algo me dijo que tenía que besarlo", recuerda Elvira. Días después de su regreso al país, Miguel cayó en la redada. Tenía 25 años. De su destino, sólo existe el testimonio de un ex detenido del centro clandestino El Vesubio, un ex colectivero de apellido Manso, quien contó que había interactuado con un hombre que venía de correr en Brasil. A Miguel lo esperaron. A Miguel no lo dejaron regresar.



                Como sucedió con numerosas historias acerca del terror desplegado por la última dictadura, durante los años noventa –marcados por una repugnante política de indultos- lo ocurrido con la vida de Miguel Sánchez tuvo que mantenerse luchando contra la impunidad, latente siempre en la memoria pero al margen de la historia oficial. Pero tanto horror no se puede ocultar eternamente. En el año 2000, el periodista italiano Valerio Piccioni viajó a la Argentina para investigar más sobre la vida de aquel deportista y poeta desaparecido que había conocido a través de una nota periodística. A partir de lo investigado Piccioni decidió la publicación de un libro: "La corsa di Miguel" (La Carrera de Miguel) y la organización de la primera “Carrera de Miguel” en Roma. Al año siguiente, en el 2001, se realizó la primera edición en la Ciudad de Buenos Aires. En la actualidad, dicha competencia se realiza en una fecha cercana al aniversario del Golpe y se ha convertido en un tradicional encuentro para el deporte y la reflexión, un evento que invita a ejercitar el cuerpo y la memoria. En nuestra provincia, en su ciudad natal, Bella Vista, conmemorando su natalicio, en cada noviembre, también se desarrolla una “Carrera de Miguel”. Es evidente que a la historia de Miguel, como a la de innumerables argentinos, le sobra injusticia e impunidad pero como consuelo quiero pensar que cada carrera que se organiza en su nombre revitaliza su recuerdo y el de todos los desaparecidos por el Terrorismo de Estado.



                Como dije al inicio de este texto, la historia del atleta y poeta tucumano Miguel Benancio Sánchez comienza como la de un chango más que decidió emprender la carrera por sus sueños, sus pasiones y sus convicciones en el gigante Buenos Aires. Pero Miguel Benancio Sánchez no fue un chango más. Miguel fue tenaz, apasionado, soñador; así lo describe su hermana Elvira cada vez que evoca su recuerdo en un reportaje. Miguel fue un trabajador, un atleta, un poeta y un militante político. Dejó un legado. Miguel fue una víctima más del genocidio llevado a cabo en nuestro país por parte de la última dictadura. Miguel es uno de los 30.000 argentinos desaparecidos; uno de los 35 deportistas argentinos desaparecidos en el horror de la dictadura militar-cívico-eclesiástica que se instaló en 1976. Miguel no detiene su marcha, vuelve a correr por la Memoria, la Verdad y la Justicia en cada una de las carreras que se realizan para homenajearlo y recordarlo. Miguel es una de esas tantas banderas que hoy continúan enarboladas y flameando en nuestra memoria, proclamándonos un estruendoso “Nunca Más”.