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Elio Oktubre

Columnista
eliooktubre@laweek.com.ar
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UN LARGO CAMINO EMPEDRADO PARA LA IGUALDAD DE LA MUJER EN EL DEPORTE
10-03-2017 22:41:17 hs.

Como en tantos ámbitos (casi todos) de esta sociedad, dominada por el machismo desde el comienzo de los tiempos, también en el deporte las mujeres han tenido que emprender, a lo largo de largos años, consecutivas y progresivas luchas que fueron derrumbando, de manera paulatina, arcaicos muros creados por estereotipos sociales y culturales. En el universo del deporte, las mujeres han tenido que luchar contra ideas, prejuicios y juicios machistas que postulaban y establecían que “la mujer es inferior a los hombres en las actividades deportivas”, “posee menor capacidad física”, “su cuerpo se masculiniza con la práctica de ejercicio”  y/o el tristemente clásico “existen algunos deportes apropiados para ellas y otros no”. Si bien es cierto que hoy esos postulados retrógrados, lamentablemente, todavía se pronuncian como opiniones en nuestro devenir diario, también es verdad que eso sucede con menos frecuencia y que oficialmente, en el marco del Comité Olímpico Internacional (COI), como fruto de las luchas y reclamos que se han llevado a cabo, se ha conseguido el reconocimiento de los derechos de la mujer a practicar las diferentes disciplinas. Un ejemplo de lo que costó avanzar en ese reconocimiento lo constituye el hecho de que fue recién en 1996, cuando la Carta Olímpica estableció como una de las funciones del COI: “estimular y apoyar la promoción de las mujeres en el deporte, a todos los niveles y en todas las estructuras, con objeto de llevar a la práctica el principio de igualdad entre el hombre y la mujer”. Para graficar resumidamente las victorias femeninas basta señalar que en los primeros Juegos Olímpicos en los que hubo competencia femenina, París 1900, de un total de 997 atletas sólo 22 eran mujeres y que, mucho tiempo después, Londres 2012 fueron los primeros Juegos en los que se presentaron mujeres a competir en todos los deportes del programa Olímpico, llegando a representar el 46% del total de los atletas.



                Como ya señalamos, la integración de las mujeres en el deporte ha sido un proceso largo, muy lento y lleno de dificultades. De hecho, ya en la Antigua Grecia, en la ciudad de Olimpia, donde se disputaban los primeros Juegos Olímpicos -los llamados “Juegos de la Antigüedad”- nos encontramos con las primeras exclusiones a la mujer en el mundo del deporte. Pues ya por entonces, al parecer, se excluía la participación de las mujeres no sólo como deportistas sino también como espectadoras. Sólo las mujeres solteras podían asistir a los juegos, y la pena para una mujer casada que observase a los atletas en acción era la muerte, pues los atletas competían desnudos, exhibiendo sus cuerpos como símbolo de perfección y dedicación. Aunque cabe mencionar que otras versiones, en otros escritos hallados, dan a entender que la mujer espartana sí recibía una educación física; pero con el machismo incrustado siempre, ya que esto era permitido basándose en las cavernícolas ideas de que la procreación era la misión de la mujer libre y que sus descendientes serían mejor dotados físicamente si su progenitora ejercitase y fortaleciese su anatomía.



                Luego, dejando atrás la Edad Antigua y salteando la Edad Media donde las opresiones a todo lo femenino estarían vestidas y maquilladas como mandato divino y celestial, llegaría la hora de los Juegos Olímpicos de los tiempos modernos. No tan modernos, ni avanzados los tiempos de fines del Siglo XIX, en cuanto a las pobres ideas que continuaban estereotipando la feminidad; manteniendo vigente el modelo femenino asociado a lo delicado, frágil, pasivo y/o dependiente, categorizando a quienes traspasasen ese modelo como seres anormales y señalando aún que la práctica del deporte podía resultar peligrosa para las mujeres. Así, no es de extrañar que para cuando se recuperan los Juegos Olímpicos en 1896, se les niegue la participación. Recién en su segunda edición, en 1900, teniendo como sede la ciudad de París (Francia), esos juegos de la era moderna contarán con participación femenina, pero solamente fueron 22 atletas (de un total de 997) que participaron en tenis, vela, hípica, críquet y golf; aunque únicamente el tenis y el golf contaron con eventos femeninos exclusivamente.



                Posteriormente, el movimiento deportivo femenino encontraría una abanderada, la francesa Alice Melliat, quien en 1917 fundó la Federación de Sociedades Femeninas de Francia (FFSF) y más tarde, el 31 de octubre de 1921, logró la organización de la Federación Internacional Deportiva Femenina (FSFI).Al ver que la Federación Internacional de Atletismo (IAAF) no accedía a incluir pruebas femeninas en los Mundiales de Atletismo, la FSFI organiza los primeros Juegos Mundiales Femenino en París 1922 y en Gotemburgos 1926. Dichos eventos comenzaron a generar repercusiones y, en consecuencia, captaron la atención de organizadores y dirigentes de los Juegos Olímpicos tradicionales. Frente a esto, en la Federación de Atletismo casi que se vieron obligados a incluir algunas pocas pruebas en los JJ.OO. de 1928 y 1932. Sin embargo, Alice Melliat no se conformó y fue por más, organizando dos nuevos Juegos Mundiales Femeninos, en Praga 1930 y Londres 1934, que terminarían por afirmar la postura de las mujeres de ser incluidas y haría casi inevitable tener que ir incorporando, poco a poco, las pruebas femeninas en los históricos Juegos Olimpícos. De hecho, tras los grandes logros conseguidos y habiendo alcanzado el objetivo de que el atletismo femenino fuese insertado en el programa de la IAAF, la FSFI se disolvería en 1938.



                En los años que siguieron y en los JJ.OO. ulteriores las mujeres fueron cosechando progresivamente, además de mayor inclusión, significativos laureles deportivos que causaron el reconocimiento y la admiración del público mundial. Atletas como Nadia Comaneci, Mildred Didrickson, Fanny Blankers-Koen, TheresaZabell, Marlene Ahrens, Evelyn Ashford, Marjorie Gestring, LornaJohnstone, IlonaElek, ValentinzaVezall, María Caridad Colon, Zola Budd, Mary Decker-Slanney, Sara Simeoni, entre tantas otras, han escrito su nombre en la historia de los Juegos Olímpicos y del deporte.



                En nuestro país, en una cultura donde los insultos teóricamente dirigidos a un hombre son en realidad agravios a sus madres o hermanas, las cuestiones fueron similarmente complejas. Las barreras a superar para las damas argentinas que deseaban practicar deportes han sido análogamente altas a las construidas en el resto del mundo.Está claro que resulta imposible nombrar a todas las luchadoras que tuvo y tiene el deporte argentino, tanto en la actividad profesional como en el ámbito del amateurismo, pero mencionar a algunas de nuestras heroínas olímpicas tal vez sirva como un pequeño homenaje para todas las demás.Una de ellas fue la nadadora Jeannette Campbell, la primera atleta femenina argentina en participar en un JJ.OO (era la cuarta actuación olímpica oficial del Comité Olímpico Argentino) y en obtener una medalla olímpica (plata), en Berlín 1936.Otras destacadas fueron Noemí Simonetto (segunda medallista) o Isabel Avellán(primera abanderada de una delegación nacional). Y luego las ya más contemporáneas como Gabriela Sabatini, quien cortaría la nefasta racha de 16 años sin medallas, en Seúl 1988; Serena Amato; Georgina Bardach; Paola Suárez y Patricia Tarabini; las indomables Leonas y la gran “Lucha” Aymar, cosechando  4 preseas; la colosa “Peque” Pareto, primera deportista argentina en conseguir el oro olímpico.



                Para finalizar, es menester subrayar y remarcar algunas cuestiones importantes. En primer lugar, que las luchas llevadas a cabo por la mujer para ser incluida en el deporte olímpico con igualdad de derechos constituyen sólo un ejemplo entre las diversas e históricas batallas, mucho más urgentes y dramáticas, que la feminidad tuvo y tiene que enfrentar en sociedades y culturas reaccionarias y dominadas por el machismo. En segundo lugar, que si bien hoy por hoy  las mujeres son más visibles en el deporte, que si bien se consiguieron grandes triunfos en términos de equidad, reconocimiento y derechos obtenidos, no obstante, aún hay un largo camino por recorrer antes de ver una igualdad total en el mundo del deporte. Las niñas y mujeres en todo el mundo obtienen menos oportunidades, menor inversión, capacitación y seguridad cuando practican un deporte.Cuando logran llegar a ser atletas profesionales, se encuentran con un techo de cristal y una brecha sustancial en el salario. Además, fuera del campo de juego, las mujeres no cuentan con representación suficiente en las esferas de liderazgo de las organizaciones deportivas; hasta julio de 2016, sólo 22 mujeres son miembros activos del COI (24,4 %) y 4 forman parte de la Junta Ejecutiva (25%). Y en tercer y último lugar, señalar que aunque todavía quedan esquirlas de desigualdad y discriminación (dejamos para otraocasión lo que ocurre con la comunidad trans en el deporte), que por más que se sigan escuchando prejuicios retrógrados hacia la mujer practicando u opinando de algún deporte en particular, desde una visión optimista, los avances conseguidos en la igualdad en el deporte pueden tomarse como un ejemplo, una enseñanza, un aliciente para que todos comprendamos que otras luchas más relevantes y urgentes como las que en la actualidad mantiene el género femenino deben continuar estoicas, vociferantes e inclaudicables, pues en algún momento, ojalá sea pronto, los dinosaurios van a desaparecer.