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Antonella Sansone

Columnista
antosansone@laweek.com.ar
PRÓXIMO DESTINO: CHINA
02-03-2017 14:42:04 hs.

Hace no mucho tiempo atrás pensar en China como en destino de grandes estrellas del fútbol, (muchas con varios años de carrera por delante), sonaba ridículo, quién querría participar de una liga menor, en un país que en el ranking FIFA ocupa el puesto 86, por debajo de Montenegro, Mali y Cabo Verde. En la lógica, nadie, pero a la lógica la hace el dinero y desde hace dos temporadas diferentes estrellas decidieron embarcarse en este campeonato de 16 equipos.



Desde hace un par de años la gigante economía China comenzó a decrecer de manera continua y durante este tiempo -tanto de expansión como de caída- surgieron nuevos millonarios que buscaron alternativas para invertir su dinero. El sector deportivo se convirtió en el centro de atención, tanto local como internacional, impulsado por el mismo Estado.



Gigantes empresariales de sectores muy diferentes han decidido invertir en el fútbol, como el del comercio electrónico Alibaba (que tiene los derechos de venta del merchandising de varios clubes europeos en Asia), la cadena de productos electrónicos Suning (firmó un acuerdo de patrocinio con Barcelona y con Liverpool y adquirió el 70% del Inter de Milán) o el conglomerado Wanda (que se hizo el 20% del Atlético Madrid y se alió directamente a la FIFA, donde su empresa invertirá 150 millones de dólares como sponsor en cada uno de los próximos cuatro ciclos mundialistas). Se suma a ello el espectacular contrato de derechos televisivos de la Liga firmado esta temporada por China Media Capital, por valor de 1.216 millones de dólares para 5 años.



La compañía asiática LEDMAN se encargó de negociar con la Federación Portuguesa de Fútbol un contrato para patrocinar a la segunda división de Portugal, que obliga a los diez mejores equipos de la Segunda Liga a fichar a un jugador chino para la próxima temporada. Pero eso no es todo, pues estos equipos, recibirán incentivos económicos de acuerdo a los minutos en cancha que le den a los jugadores chinos, sentando así un precedente, que debe ser analizado con toda seriedad: no sólo se están revolviendo temas económicos o de marketing con lo deportivo, sino que en determinado momento, podríamos ver una terrible contaminación, cuando lo deportivo, termine siendo condicionado por lo económico, de manera muy explícita.



China ha dejado claro que quiere comprar el prestigio europeo, por eso gastaron en fichajes de jugadores más de 445 millones de dólares el año pasado, un tercio más que la Premier League e incluso la segunda división gastó más que la Bundesliga, la Liga Española y la Ligue 1 de Francia. Entre ellos, Óscar el jugador brasileño del Chelsea, el más caro hasta el fichaje de Carlos Tévez, por 40 millones, convirtiéndose así en el mejor pagado del planeta. Un caso anterior de mayor resonancia fue el de Ezequiel Lavezzi, que fichó por el Hebei Fortune por 15 millones de dólares. Se hicieron propuestas atrevidas, de ocho cifras por Wayne Rooney, Edinson Cavani, Diego Costa, Ibrahimovic y hasta de 600 millones por Messi y 400 por Cristiano Ronaldo, demostrando que para los ideales chinos no hay límites. Pero más allá de las ofertas por las estrellas de cada club de la elite europea, se sacudió el mercado nacional: en esta temporada de traspasos se habló de Zampedri, por un millón de dólares por los próximos dos años, Alario, por 18 y Blandi por 15 por las recisiones respectivas de sus contratos.



El millonario proyecto del fútbol chino no solo se ha reforzado con jugadores de renombre, sino que también con técnicos de destacada trayectoria, campeones del mundo y de Europa como Manuel Pellegrini,  Luiz Felipe Scolari, André Villas-Boas, Gustavo Poyet, Félix Magath y Fabio Cannavaro, por nombrar algunos.



El cerebro del mismo es el presidente del país, Xi Jinping, impulsor de un plan de inversión pública y privada que empezó en 2015 y cuyo primer objetivo es doblar el negocio del deporte en el gigante asiático. En este contexto es en el que se entiende la incorporación de figuras del fútbol a cualquier precio.



Pero el proyecto de Jinping es más ambicioso y traer estrellas es sólo la punta del iceberg, la que le sirve para captar el interés de sus ciudadanos en el fútbol, imprescindible para que el negocio prospere. Esto pasa no por nacionalizar talento, sino por formarlo. Es decir, fabricar los cracks en casa, como ya hicieron para los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, única vez en 20 años en que Estados Unidos no ha estado en lo más alto del medallero. El fútbol ya es una asignatura obligatoria en el sistema escolar chino y se están construyendo a contrarreloj campos de fútbol por todo el país para que en 2030 haya un terreno de juego por cada 10.000 habitantes. Esta misma semana, incluso, el flamante nuevo embajador del Barcelona FC, Ronaldinho, viajó para firmar un acuerdo para la creación de una escuela de fútbol en la isla de Hainan, conjuntamente con Mission Hills Group en una instalación compartida con la Federación China de Fútbol



Nada de esto podría prosperar a la larga, como se pretende, si no se frena el descontrol actual con unas cuantas medidas: Se van a imponer techos salariales basados en los ingresos del club, que serán escrutados y deberán detallar su procedencia ante la Federación China de Fútbol. Por ley, la Superliga debe proteger el desarrollo de los jugadores nacionales limitando la llegada de talento extranjero, por ello se limitará a tres el número de jugadores extranjeros en cancha, por equipo y que en cada partido la alineación cuente con al menos dos jóvenes chinos Sub-23, también obliga a que todos los porteros sean chinos.  Se busca proteger a sus propios guardametas y facilitar su desarrollo: la lógica es que los futbolistas de campo chinos se benefician de jugar al lado de la estrellas del balón, como las ya mencionadas, pero en el caso de los porteros la situación es diferente. La presencia de un arquero de primera línea, que sería titular indiscutible, mermaría el desarrollo de uno chino que estaría limitado al banco de suplentes y no tendría la oportunidad de jugar.



China tiene un sueño futbolístico, y mucho dinero para intentar cumplirlo, pero de nada servirá sin décadas de paciencia, y dándose cuenta de que el fútbol se trata de un espectáculo, de pasión, de eso por los que algunos dejan la vida, que desencadena obsesiones que se heredan, de que antes que un negocio es algo divertido, sano, que enseña lealtad, trabajo en equipo y amistad.